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Artemisa o Diana

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Artemisa (Diana para los romanos), hija de Zeus y Leto, estaba entre los 12 habitantes del Olimpo, junto a su padre. Era la hermana melliza de Apolo, diosa de la caza y el campo. Aunque se la representa como diosa virginal con un rechazo expreso de la sexualidad, quizá fue en un principio una diosa madre menos pudorosa que era adorada en Ephesus (Éfeso), en lo que es hoy el oeste de Turquía.

Su hermano podía matar a la gente mediante el contagio de las enfermedades que él mismo propagaba, aunque a la vez era el dios de la medicina. Del mismo modo, Artemisa era la diosa de la caza y patrona de los animales salvajes (el propio Homero la llama «doncella de los animales»). Al igual que su hermano, era muy diestra con el arco y las flechas, y su objetivo eran las mujeres con un comportamiento desviado. Así había matado Apolo a los hijos de Níobe por haber presumido ésta de ser más fértil que Leto, la madre de los dos dioses, mientras Artemisa hizo lo mismo con sus hijas.

El gigante Tityus (Titio), que había violado a Leto, también fue víctima de la venganza de los dos mellizos. Después de matarle, su cuerpo fue arrastrado hasta el Tartarus (Tártaro), en Hades, donde quedó sometido a tortura eterna. Debido a los aspectos más lúgubres y siniestros de su carácter, a Artemisa se la compara con la terrorífica Hécate, diosa de la hechicería y la magia. Artemisa podía, de hecho, ser muy cruel. El rey Admeto de Ferae (Admetus Pherae), que no la adoraba como debía, encontró su lecho lleno de serpientes tras su boda. El poderoso rey Agamenón de Micenas tuvo que sacrificar a su hija Ifigenia después de haber insultado a la diosa. La expresión más literal del lado oscuro de Artemisa se ve en su asociación con Selene, diosa de la Luna; mientras que Apolo («el que brilla») se asocia con el Sol.

Artemisa no podía competir con Hera, la esposa de Zeus que despreciaba y perseguía a todos los hijos que el dios tenía fuera del matrimonio. Homero describe cómo en cierta ocasión la maldijo y la golpeó en la cabeza con su propio arco después de defender a los troyanos en la guerra. Artemisa empezó a llorar y se arrastró sollozando hasta el regazo de su padre.
Artemisa, a pesar de su virginidad, no era insensible a la belleza masculina. Así se refleja en el cuento de Orion, el gran cazador boeciano. Artemisa quedó ensimismada ante sus encantos y le invitó a cazar con ella. Según una de las versiones, después de la caza Orion retozó con Eos, la diosa del amanecer, y la celosa Artemisa le mató. Otra versión dice que Apolo estaba celoso por la relación entre su hermana y el joven, por lo que de forma muy astuta persuadió a Artemisa para que acabase con Orion lanzándole una flecha mientras nadaba en el mar, sin que ella supiese quién era.

Acteón sabía que Artemisa tenía unos principios muy rígidos. Fue testigo accidental de una escena en que la diosa se bañaba desnuda con sus ninfas. Su osadía le convirtió en ciervo y le llevó a ser devorado por su propia jauría.
Calixto, una de las sirvientas de Artemisa, perdió su virginidad al ser violada por Zeus. Artemisa descubrió que había quedado embarazada al verla mientras se bañaba y la expulsó de su entorno. Hera, celosa al enterarse de la pasión que Calixto había despertado en Zeus, la convirtió en un oso y Zeus después decidió situarla en el cielo como la constelación conocida como Osa Mayor, asegurándose de que nunca se pusiese en el mar.

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