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Odín

Odín es el principal dios de la mitología nórdica. Poco a poco reemplazó en las comunidades primitivas el culto a Tiuz, dios del Cielo y a Donar-Thor, dios de los Vientos. Antes no había pasado de ser un simple dios de las Tempestades. Una creencia muy extendida entre todos los pueblos germánicos, dice que en ciertas noches de tempestad los aires se ven sacudidos por el galope tumultuoso de una misteriosa tropa, en la cual se cree reconocer los fantasmas de los guerreros muertos. Es el Ejército Furioso, cuyo jefe se llamaba Wode, nombre que, con el tiempo, se transformó en Odín.
Hubo muchas leyendas a propósitos de este dios, pero no han sido conservadas. Sabemos únicamente que, gracias a una vieja fórmula mágica llegada hasta nuestros días, se suplicaba a Odín la curación de las torceduras y luxaciones. Los guerreros le invocaban en el combate, rogando les concediera la victoria.
En el norte de los países germánicos, Wotan se llamaba Odín. Allí es el dios de la guerra y de la inteligencia, fijando las leyes que regulan las sociedades humanas. La causa de que se quemara a los guerreros muertos en batalla, se debe a la creencia de que quien lleva consigo todos sus bienes y no deja nada en la Tierra, lo encontrará todo en el Valhalla.
Odín u Wotan aparece armado con un casco de oro y una brillante coraza y tiene en la mano la lanza llamada Gungnir, forjada por los enanos y a la que nadie ni nada puede detener. Sleipnir es el mejor y más ágil de todos los caballos, pues tiene ocho patas y no existe obstáculo que no pueda franquear. Odín habita en una vasta sala resplandeciente de oro, llamada Asgard, donde llama a los héroes que se han sabido distinguir más en el campo de batalla. Por las noches, dicha sala queda iluminada por los destellos de las espadas, donde se reflejan los grandes fuegos encendidos. Tiene quinientas cuarenta puertas, cada una de las cuales puede permitir la entrada de ochocientos combatientes en línea de frente. En este palacio los héroes pasan el tiempo en medio de juegos guerreros y de festines, presidiendo Odín, quien tiene sobre sus hombros dos cuervos llamados Munín y Hugin, es decir, la Memoria y el Pensamiento, quienes le cuentan, al oído, todo lo que han visto y escuchado, pues cada mañana Odín les envía a lo lejos, recorren todos los países, interrogan a los vivos y a los muertos.
Al lado de Odín, en el Asgard, vivían las Valquirias que actuaban como guardianas y sirvientas de los huéspedes del dios. Cuando en algún lugar de la Tierra se daba una batalla, Odín les ordenaba se mezclaran con los combatientes, encargándose de señalar quiénes debían morir y concediendo la victoria a aquellos que eran protegidos de Odín.

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Las Valquirias

Odín es también el dios de la Sabiduría y de la Poesía, y uno de los episodios más singulares de su existencia es aquel que se refiere a su sacrificio voluntario y a su propia resurrección. Un viejo poema dice lo siguiente: «Durante nueve noches, herido por mi lanza, consagrado a Odín, consagrado a mí mismo, he permanecido suspendido de un árbol, agitado por el viento, del potente árbol del que los hombres desconocen cuáles son las raíces.» Hiriéndose a sí mismo y colgándose del árbol del mundo, Odín llevaba a término un rito mágico que le debía rejuvenecer. Durante los nueve días y nueve noches que duró este voluntario sacrificio, esperó que alguien le llevara un poco de comida o un poco de bebida, pero nadie llegó y observando la existencia de tierras cerca de sus pies pudo atraerlas hacia sí y encaramándose sobre ellas se vio librado rápidamente por una fuerza mágica. Cayó sobre el suelo y se encontró rejuvenecido de nuevo; seguidamente Mimir le hizo beber un poco de hidromiel y Odín empezó a mostrarse sabio en palabras y fecundo en obras útiles; de esta manera se había realizado su resurrección.
Odín, con sus hermanos Ve y Vili, a quienes se agregaron los treinta y dos Ases, constituían las divinidades bienhechoras y eran enemigas declaradas de los gigantes. De tal modo que todas las leyes bienhechoras que promulgaba Odín, los gigantes las desbarataban hasta que se libró una feroz batalla entre ellos en la que sucumbieron Ymir y sus compañeros, quedando únicamente uno que logró escaparse, con lo que pudo perdurar la raza.
Era tan enorme el torrente de sangre y cuerpos mutilados que los dioses, no sabiendo qué hacer con todo ello, los lanzaron al vacío, con lo que con su carne se integró la tierra y con su sangre el mar. Sus huesos se tornaron montes, y sus cabellos selvas. Con su océano construyeron las deidades la bóveda celeste, encargándose de sostenerla cuatro enanos, que fueron los cuatro puntos cardinales. Su cerebro fue lanzado al aire y se convirtió en nubes.
Entretanto Odín que se preocupaba de la creación del Mundo, vio dos troncos en la playa y les dio alma y vida, mientras su hermano les daba inteligencia y otro les dotaba de rostro. Así nació Ask, el primer hombre, y Embla la primera mujer.
Odín compartía el reino celestial junto a su esposa Frigg, la tierra y con su hijo Thor, que desataba el trueno, enarbolando para ello un martillo de herrero. Alrededor de ellos actuaban los Ases, gobernadores del Mundo, que estaban alojados en suntuosas moradas. Para comunicar el Cielo con la Tierra, mandó construir Odín un puente multicolor que fue el Arco Iris; para que no pudieran entrar los gigantes colocó un centinela, Heimdal, el dios del diente de oro, símbolo del Día, el cual tenía un oído tan sumamente fino que oía crecer la hierba en el suelo y la lana en el lomo de las ovejas, aparte que su vista era tan extraordinaria que veía todo lo que sucedía a cien leguas a la redonda.
Cuando se convocaba a las deidades, montaban a caballo atravesando el Arco Iris o bien se reunían al pie del fresno Yggdrasil, cuyo follaje cubría enteramente el Universo. Sus raíces unen al Cielo, la otra a la Tierra y la tercera a los Infiernos. La raíz celeste limitaba con una fuente limpia que purificaba todo lo que lavaba y en ella vivían dos cisnes de inmaculada blancura, atendidos por tres hadas: Urd o el presente, Verdandi o el pasado, y Skuld o el porvenir, las cuales regaban el gigantesco árbol para que nunca se marchitase. La raíz que se dirigía hacia el Infierno era roída sin parar por una serpiente monstruosa, llena de malos presagios aunque había una ardilla que recorría todos los días el árbol y comunicaba sus intenciones a un águila que estaba en la copa.

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Batalla Final: Ragnarok

Se prepara de nuevo una querella entre Odín, rey de la Luz y espíritu del Bien, con Loki, espíritu del Mal y de las Tinieblas, rey de los Alfes Negros a quien secundaban sus hijos Hela o la Muerte y Fenrir el feroz lobo que se bastaba para luchar contra todos los Ases, y las Valquirias, vírgenes de los combates que servían hidromiel y cerveza. Los guerreros de Odín lograron aprisionar al feroz lobo, pero no podían retenerle porque todas las cadenas no bastaban para dominar su fuerza, por lo que tuvieron que recurrir a la industria de los Alfes Negros, genios enanos y malhechores, aunque obreros muy hábiles. Con el paso de un gato, la barba de una mujer, la raíz de una peña, el suspiro de un oso y el alma de un pez, formaron una cuerda que ni el mismo Fenrir pudo romper, aunque se necesitaba mucha astucia para poderla enganchar al lobo, ya que éste desconfiaba, por lo que decidieron que Thor, hijo de Odín, arriesgaría un brazo como prenda en las fauces de la fiera; tras semejante convenio, lograron los Ases amarrar al lobo pasando la cuerda a través de una roca horadada y hasta las entrañas de la Tierra.
Al darse cuenta Fenrir de que había sido apresado, destrozó el brazo de Thor, y de la saliva de rabia que salieron de su boca se formó el río Wam o de los Vicios.

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Odín y Fenrir

Loki, desesperado, decidió matar al segundo hijo del dios Balder, joven inteligente y apuesto, muy estimado por los dioses. Le amenazaba la desdicha de que podría morir de un golpe, por lo que su madre, Frigg, hizo prometer a la Naturaleza entera, seres animados e inanimados, que prestarían su apoyo para la muerte del dios.
Durante los ejercicios que se celebraban en Valhalla, Balder ofrecía su pecho a la puntería de los tiradores, ya que se sabía invulnerable, y en efecto no le lastimaba ninguna flecha ni proyectil por pesado que fuera.
Pero Frigg, al exigir el juramento de los vegetales, había olvidado al muérdago y esto Loki lo sabía. De manera que cortó un poco de esta planta, lo mezcló con los objetos que se arrojaban en los juegos de Valhalla por lo que el ciego Hoder o Hodur lo proyectó en broma sobre Balder y éste al instante murió. Gran pesar cundió entre las divinidades, y su esposa Nanna murió de pena siendo enterrada junto a su marido.
Los Ases no se consolaban por la muerte de Baldr, por lo que uno de ellos, llamado Hermodo, decidió ir a los Infiernos, para ver el modo de resucitarle. Hela accedió a condición que todos los seres de la Tierra, sin exceptuar ninguno, deberían verter una lágrima. Contento Hermodo, pues sabía que esto era fácil, volvió a la Tierra; pero se encontró con que el pérfido Loki se había convertido en vieja y se negó a llorar, por lo que Balder tuvo que permanecer en el reino de los muertos.
No termina aquí la gran epopeya mitológica. Empezará de nuevo venciendo al abominable Loki; el lobo Fenrir, libertado de sus cadenas, devorará a Odín, y Thor será envenenado por la serpiente hermana de Fenrir. Será el ocaso de los dioses, al cual seguirá el fin del mundo, precedido de tres años en que no habrá estío y otros tres en que los hombres se matarán entre sí. El séptimo año se apagarán los astros, tragados por los lobos y habrá una oscuridad total, desbordándose el mar. En una vasta llanura habrá la gran batalla entre los espíritus maléficos y los genios tutelares, de donde no saldrá ni un solo combatiente vivo y de nuevo la Nada reinará en el oscuro espacio

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