Io y Jupiter

Ío

Ío era hija del dios fluvial Inaco, primer rey de Argos y sacerdote de un templo dedicado a Hera. Zeus, siempre enamoradizo, se fijó en ella y la atrajo hacia sí, oscureciendo el cielo con nubes muy espesas que impidieran ver a los otros dioses lo que hacían. Hera sospechó de inmediato y, antes de que pudiese llegar donde estaban, Zeus convirtió a ío en una vaca. Hera no entendió lo que hacía su esposo con una vaca y éste, para no levantar más sospechas, se la regaló.
Aun así Hera no creía a su esposo e hizo que ío fuese vigilada por Argos, el gigante de 100 ojos, dos de los cuales siempre dormían según los turnos. Mientras tanto ío pudo escribir un mensaje en la tierra con sus pezuñas para que su padre supiese lo que le había pasado y pudiese llorar su suerte.
Zeus no podía soportar ver a ío y a su padre así y envió a Hermes para que matase al gigante. Hermes se disfrazó de pastor y consiguió que Argos cerrase todos sus ojos entonando melodías con su flauta y contándole historias. Tan pronto como se durmió, el mensajero aprovechó para matarle.
Hera estaba furiosa y por eso decidió enviar un abejorro que persiguiese a ío por todo el mundo. Tras su llegada a Egipto, Zeus rogó a Hera que dejase de atormentarla, prometiendo no engañarla nunca más. Así, Hera le perdonó y convirtió a ío en humana otra vez. Tiempo después tuvo un hijo, Epafo, que fue adorado en Egipto como el buey sagrado Apis.

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