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Tetis

Tetis era una ninfa marina o nereida, o una hija del dios marino Nereo. A pesar de su origen, Tetis fue criada por Hera en el monte Olimpo, hogar y lugar de reunión de los 12 dioses principales. Después regresó a su hogar situado en el fondo del mar.
Cuando Hera expulsó a su hijo Hefesto del Olimpo, furiosa porque ella había traído un muchacho deforme al mundo, Tetis y su hermana Eurinome se apiadaron de él. Durante nueve años cuidaron del herrero y artista de los dioses y mostraron un especial afecto hacia él, que fue recíproco cuando Tetis acudió a él buscando ayuda. Zeus, el rey de los dioses, también sentía un especial afecto hacia Tetis por una buena razón, ya que cuando Hera, Atenea y Poseidón se unieron en una conspiración contra él y quisieron encadenarle, Tetis invocó al gigante excelcionalmente fuerte de 100 brazos armados Briareo, para que acudiese al Olimpo y actuase como guardaespaldas de Zeus. Un tercer dios al cual Tetis también rescató y cuidó fue Dioniso, señor de la vegetación y el vino. Ella se apiadó de Dioniso cuando saltó al mar intentando escapar de Licurgo, rey de Edones.

Tetis y Peleo

La belleza de Tetis hizo que Zeus y Poseidón compitiesen por ella. El titán Prometeo sabía que un hijo nacido de Tetis arrojaría a su padre del poder. Prometeo no estuvo preparado para revelar el secreto hasta que se le liberase de la roca a la que Zeus le había encadenado por darle el fuego a la humanidad. Cuando el atormentado titán le dijo la verdad a Zeus, se dio cuenta de lo afortunado que era. Si se hubiese dejado llevar por sus impulsos lujuriosos, se habría encontrado con el mismo destino que su padre, Cronos, al que había destronado. Esta es la razón por la que Zeus decidió que Tetis debería casarse con un mortal y no con un dios.
Peleo, rey de Fitia y favorito de los dioses, era un hombre afortunado. Primero tuvo que ganarse a Tetis usando sus propios recursos, cosa nada fácil, ya que la ninfa tenía la habilidad de cambiar su forma a gran velocidad, como todos los dioses y diosas del mar. Peleo visitó a su futura esposa en la costa rocosa de Tracia, donde ella yacía dormida en una cueva. Después de haber sido rechazado varias veces, Peleo trató de forzarla, pero Tetis se convirtió primero en un ave, luego en un tronco de árbol y finalmente en una tigresa. Aconsejado por el dios del mar Proteo, intentó atarla mientras dormía y cambiaba varias veces su aspecto. Finalmente, Tetis se rindió y Peleo pudo retozar con ella. De esta relación nacería Aquiles, que más tarde se convertiría en el gran héroe de la Guerra de Troya.

Semilla de la guerra de Troya

Las semillas de la guerra se sembraron durante la boda de Peleo y Tetis, a la que acudieron todos los dioses trayendo magníficos regalos. Todos, excepto una diosa que no fue invitada. Su nombre era Eris, la diosa de la discordia. Llena de rencor por no haber sido invitada, lanzó una manzana de oro entre los invitados con la inscripción «para la más bella». Hera, Afrodita y Atenea asumieron que la manzana era suya. Finalmente fue el príncipe regente de Troya, Paris, el que tuvo que juzgar y eligió a Afrodita, porque ella le había prometido a la mujer más bella del mundo a cambio de su elección. Esta mujer era Helena, pero ella ya estaba casada con Menelao, rey de Esparta. En cuanto pudo, Paris la secuestró y se la llevó a su hogar, en Troya, desencadenando la guerra con los griegos aliados de Menelao.

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Guerra de Troya

Tetis protege a su hijo Aquiles

Tetis sabía que su hijo Aquiles no era inmortal y que podía ser herido o muerto en la batalla. Por ese motivo hizo todo lo que pudo para hacerlo invencible. Después de su nacimiento lo sumergió en las aguas negras de la laguna Estigia, pero al tener que sujetarlo mientras lo hacía, dejó su talón sin sumergir y ése se convirtió en su punto vulnerable. De hecho, la flecha con la que más tarde Paris terminaría hiriéndole fatalmente, se clavó en su talón. Según otra historia, Tetis depositó a su hijo en el fuego durante toda la noche para hacerlo inmortal y evitar que envejeciese. Para estar segura de que resistiría tal tratamiento, antes lo había rociado con ambrosía, la comida de los dioses. Una noche Peleo encontró a Aquiles en el fuego y empezó a gritar aterrorizado, tras lo cual Tetis lo abandonó.

Tetis en la guerra de Troya

La ansiosa Tetis continuó haciendo todo lo que pudo para mantener a Aquiles apartado de la guerra y el combate, e incluso fue tan lejos como para mandarlo a la isla de Esciros, donde disfrazado de doncella vivía entre las mujeres del palacio del rey Licomedes. De cualquier forma, un simple truco de Odiseo fue suficíente para separar al muchacho de las mujeres. Durante la Guerra de Troya, Tetis apoyó a su hijo en todo momento. Cuando se peleó con su comandante Agamenón, que le había arrebatado a su joven amante Briséida, como botín de guerra, Tetis le rogó a Zeus que interviniese dándoles la supremacía temporal a los troyanos para que Agamenón sufriese una cura de humildad. Zeus no pudo rechazar la petición, aunque sabía que tendría una disputa con su esposa, fanática defensora de los griegos.
Cuando tiempo después Aquiles lloró la muerte de su compañero de armas Patroclo a manos del héroe troyano Héctor, su madre lloró con él. Ella también le pidió a Hefesto que hiciese una magnífica armadura nueva para su hijo, pues la anterior la había llevado Patroclo en su duelo con Héctor y el troyano la había tomado como botín.
Al llegar el inevitable desenlace fatal de Aquiles, Tetis y sus hermanas lloraron tanto que los griegos fueron víctimas del pánico y huyeron en sus naves. El viejo héroe Néstor les hizo recobrar la cordura. Tetis y las otras nereidas lloraron a Aquiles durante 17 días. Incluso las musas hicieron su aparición para cantar un lamento. Tras su cremación, su madre depositó sus huesos en una urna de oro junto a los de su amigo Patroclo. Tetis fue una de las diosas más buenas y amables en la mitología griega.

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