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Valhalla

Dos grandes familias complementarias entre sí se disputan los grandes honores del panteón germánico: los Vanes y los Ases. Los Vanes representan la función agrícola, básica para la subsistencia, y están por tanto vinculados a la tierra y el agua. Dispensan todos los bienes y los placeres de este mundo, como la riqueza, la fertilidad, la paz y el amor. Además, poseen la videncia y el arte de la magia: no en vano son divinidades. Sus representantes más conocidos son el dios de las aguas Njörd y sus brillantes hijos Freyr y Freyja. Los Ases tienen una función básicamente guerrera, y tal vez por eso siempre fueron más populares, ya que su carácter de natural bélico les lleva a protagonizar la mayor parte de las aventuras. El principal entre ellos es Odín, a quien siguen sus hijos Thor y Balder. Otras deidades renombradas son Frigg, Heimdallr, Tyr y Loki. Ellos y unos cuantos más viven en Asgardr, el recinto de los dioses o paraíso nórdico cuya edificación más popular es sin duda Valhöll o Valhalla (el reducto de los guerreros caídos en combate).

Construcción del Valhalla

Valhalla constituye un auténtico símbolo, un mito en sí mismo y un grito de guerra para el alma germana. Según la leyenda, fue construido por un gigante que, en pago por su obra, exigió una triple recompensa: el Sol, la Luna y la diosa Freyja. Por consejo de Loki, los dioses aceptaron el trato, pensando que jamás podría terminar lo pactado en el plazo previsto y por tanto se vería obligado a entregar la mayor parte del trabajo hecho sin cobrar nada por él. Pero lo que no sabían es que el gigante disponía de un caballo tan colosal como él, con cuya ayuda avanzó con rapidez en la obra. Cuando se percataron de lo que ocurría, los alarmados dioses exigieron a Loki que encontrara una solución porque, al paso que iba, cumpliría el contrato y sería necesario abonarle su labor, lo que no estaban dispuestos a hacer. Maestro del engaño, Loki se metamorfoseó en una yegua en celo y se plantó delante del caballo del gigante, que, en cuanto la vio, enloqueció de deseo y se puso a perseguirla. El gigante gruñó, gritó y blasfemó, pero su caballo no le hizo caso y se vio obligado a seguir adelante solo. Tras darse cuenta de que no terminaría a tiempo, y sospechando una treta de los Ases, fue a verlos, encolerizado. La discusión llegó a adquirir tal grado de violencia, e incluso de peligro, que Thor tuvo que intervenir en defensa de sus colegas divinos para arreglar la situación a su manera: reventando la cabeza del gigante con su famoso martillo… A todo esto, el caballo del gigante acabó por alcanzar a la yegua/Loki y engendró en ella a un potrillo de ocho patas y de color gris que, andando los años, acabaría convirtiéndose en Slepinir, el poderoso corcel de Odín.

La Vida en el Valhalla

Así se construyó Valhalla, el lugar mágico en el que no puede entrar nadie que haya muerto de enfermedad o de vejez, sino sólo los guerreros dignos y valerosos que perecieron en combate con la espada en la mano. De hecho, el tejado del edificio está construido con los venablos y los escudos de los que se ganaron allí un puesto. Todos ellos salen cada día en alegre camaradería a través de alguna de las 540 puertas de la mansión divina para combatir por diversión y deporte. Los que resultan heridos o mueren en este combate, se recuperan por arte de magia, y así regresan, sin problemas y sin cicatrices, a tiempo para la hora de comer. Aquí encontramos sentido al viejo tópico del «descanso del guerrero», puesto que a continuación son festejados por las valquirias, las doncellas guerreras de Odín. Estas hermosas y feroces mujeres del ideal bélico son las encargadas de servirles el hidromiel que fluye de las ubres de la cabra Heidrun, que retoza en lo más alto del edificio, y la carne del gran jabalí Saehrimnir, que cada noche vuelve a brotar sobre sus huesos para alimentar al día siguiente al grupo de elegidos. En el gran salón de banquetes se puede disfrutar además de la cascada cantarina que brota de la cornamenta del ciervo Eikthyrnir.

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Valhalla y las Valquirias

La Paz Entre los Ases y Vanes

Hubo un tiempo en que los Vanes y los Ases se hicieron la guerra entre sí, y los cielos y la tierra temblaban ante la fuerza de sus acometidas, pero al fin se dieron cuenta de que vivirían mejor colaborando entre ellos en lugar de luchando, así que decidieron firmar la paz. En toda la vieja Europa fue costumbre intercambiar rehenes para consolidar los pactos de amistad: rehenes que no vivían encarcelados sino que tenían los mismos derechos y obligaciones que el resto de miembros de la familia y que permanecían con ella a veces durante años. Esta táctica demostró pronto su utilidad, pues se hace difícil combatir más adelante contra aquellos que te han tratado durante tanto tiempo como a uno de los suyos, pese a ser diferente. Los dioses no iban a ser menos, así que Njórd y Freyr fueron al país de los Ases, mientras Mymir y Honir se fueron con los Vanes.

Kvasir

Para asegurar aún más los lazos que les unirían a partir de entonces, decidieron dar lo mejor de sí mismos para crear un ser humano que fuera la síntesis de todos ellos. Así pues, todos los Ases y los Vanes escupieron en el mismo -caldero para moldear con su mágica saliva a quien sería conocido como Kvasir, el hombre más sabio que jamás ha existido en el mundo.
Pero las fuerzas del mal siempre están conspirando contra la bondad y el afán de perfección, por lo que no resulta extraño que dos enanos, Fjalarr y Galarr, trazaran un malévolo plan que condujo enseguida al asesinato de Kvasir. Una vez muerto, recogieron su sangre en dos cubas y una jarra, y la mezclaron con miel.

La Hidromiel, Sangre de Kvasir

De esta forma consiguieron un hidromiel mágico que tenía la propiedad de otorgar el don de la poesía y, tal vez, de la sabiduría, a quien lo bebiera. Para justificar su crimen ante los dioses, los enanos les dijeron que Kvasir se había ahogado en su propia inteligencia, ya que no había podido encontrar a nadie lo bastante hábil o curioso como para agotar su saber. Los dioses sospechaban de ellos, pero no tenían pruebas y los dejaron en paz. Más tarde, los enanos cometieron otra fechoría al asesinar a un gigante y su mujer, que estaban invitados en su casa. Esta vez no pudieron ocultar su maldad, por lo que Suttungr, el padre del gigante, exigió como compensación por el doble crimen la bebida mágica que sabía poseían los enanos. Ellos tuvieron que ceder, so pena de que la venganza de Suttungr acabara con sus vidas. El hidromiel acabó escondido dentro de una montaña custodiada por la hija del gigante.
Odín también estaba interesado en la extraordinaria bebida, pues creía que podía estar relacionada con la desaparición de Kvasir, e intentó probarla. Tras varios fracasos consiguió llegar hasta el escondrijo de la montaña, convirtiéndose en serpiente, y allí encontró a la hija de Suttungr, que, deslumbrada por su presencia, aceptó darle a probar el hidromiel con una condición: le dejaría beber un trago por cada noche que se acostara con ella. Él aceptó y yacieron tres noches consecutivas, al cabo de las cuales exigió su recompensa. Ella le ofreció las cubas y la jarra que contenían la esencia de Kvasir y él probó, en efecto, un trago de cada una. ¡Pero Odín tenía grandes tragaderas, y cada uno de sus sorbos vació la correspondiente vasija! Furiosa, la hija del gigante intentó matarle, aunque no lo consiguió, porque Odín se transformó en águila y huyó. Ya a cubierto, de regreso en Asgardr, el dios escupió el hidromiel en los barriles que habían preparado los Ases al efecto para poder compartir con todos ellos el maravilloso licor. De esta manera mostraba una vez más su generosidad.

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Cuerno de Hidromiel
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